Notas y Entrevistas

El escritor chileno Antonio Skármeta compartio anecdotas, recuerdos y definiciones políticas con sus lectores Argentinos.

 

"La novela es una aventura del lenguaje"

Mientras aún perduran los ecos y las sombras de un reciente episodio de censura que involucró al más popular de sus escritos, uno de los autores transandinos de mayor reputación durante los últimos años -autor de importantes títulos como Soñé que la nieve ardía, velocidad del amor, La insurrección y La boda del poeta - visitó Buenos Aires con la intención de alejar oscuros fantasmas de otros tiempos y solazarse con mesurado placer en el fantástico mundo de las letras.

Antonio Skármeta -flamante embajador chileno en Alemania- es el creador de la mundialmente reconocida Ardiente paciencia, cuya adaptación teatral, El cartero de Neruda, fue calificada como "pecaminosa" por las huestes feudales del gobernador santiagueño Carlos Juárez. La presentación del escritor chileno -organizada por la revista Animusen exclusivo homenaje a un selecto grupo de suscriptores- tuvo lugar en La Trastienda, un agradable reducto cultural ubicado en Balcarce y Belgrano, allí donde nace San Telmo. Sin otorgarle demasiado tiempo al incidente, Skármeta consideró que "esta censura sólo puede causar sonrisas piadosas" y definió al hecho como "una extravagancia". El escritor optó, entonces, por rescatar la importancia de la técnica literaria ("que convierte los desahogos y expresiones viscerales del autor en emociones palpables para el lector"), reescribir en público sus primeras experiencias mundanas ("cuando el afuera era infinitamente sorprendente") y editorializar sobre "el desproporcionado combate entre globalización y cultura". Dos horas de guiños y complicidades coronadas por la lectura de un escrito antológico que describe las bondades de "cierto elemento futurista que ya se comercializa con notable éxito en los Estados Unidos: el book, un producto con porvenir asegurado".

  • ¿Bajo qué parámetros puede catalogarse a un texto literario como cuento y en qué circunstancias como novela?, preguntó uno de los asistentes.

    La novela es una aventura del lenguaje -respondió Skármeta-. Cuando comienzo a escribir lo hago sin rumbo fijo, sostenido por recuerdos, sensaciones, momentos. Y defino a esta primera etapa como un gran magma; es decir, un avance permanente, día a día, hacia lo desconocido, dejando que las imágenes me asalten. Intento que la inteligencia, el conocimiento y la cultura no inhiban, por ningún motivo, aquello que busca salir, que desea expresarse. Cuando llego a las 150 ó 200 páginas siento que la novela me grita: ¡¡Ey!!... ¡¡Ya estoy aquí!!... Entonces allí comienza aquello que bien podría definirse como 'la etapa profesional de la escritura', donde sí resulta absolutamente necesario utilizar la cabeza, la técnica literaria, el sentido del ritmo, el montaje, la focalización. El uso correcto de la técnica literaria permite que el lector se encuentre con las mismas sensaciones que el narrador sintió al escribir.

El escritor chileno precisó que muchos jóvenes novelistas "confiesan sentir intensamente" y luego escriben "aquello que les genera estas fuertes sensaciones". Sin embargo, la gente no se identifica con sus historias, no existe comunicación entre autor y lector. "Sucede -detalló Skármeta- que entre el sentimiento que se expresa y la recepción de ese sentimiento debe mediar, inexorablemente, la técnica literaria, un factor esencial que convierte aquellos desahogos y expresiones viscerales en emociones masivas. Y es por ello que muchas novelas se parecen a veleros que navegan sin rumbo, porque sus autores no han logrado pulir la técnica de manera precisa".

Con respecto al cuento, Skármeta destacó la importancia de saber regular los tiempos al momento de escribir: "Esa sensación de que algo instantáneo llegará hacia el final del relato e iluminará al conjunto del texto". Aquí, el manejo de la tensión es mayúsculo, aseguró el ensayista.

  • - ¿Cree que la cultura podrá mejorar a este mundo gobernado por la injusticia, la codicia y la estupidez?, preguntó otro de sus admiradores argentinos.

Creo que sí. Pero desde una marginalidad activa, que permitirá crear adhesiones parciales con el objetivo de matizar la corriente central por la que se mueve la mayoría de los países. Aparecerán, cada vez con más fuerza, imágenes alternativas e importantes disidencias. América latina es un claro ejemplo de ello: muchas culturas quedaron latentes y sólo adquirimos uno de los tantos caminos posibles. Se está generando una gran conciencia acerca de cuáles deben ser los límites de la globalización.

  • ¿Qué expectativas tiene con respecto a su flamante carrera diplomática?

El presidente Ricardo Lagos me ofreció ser embajador en Alemania. Y yo me tenté y acepté. Este ofrecimiento se inscribe en el marco de un plan general que intenta elevar a la cultura hasta un plano relevante, junto con las demás actividades del hombre. Es decir que, según me explicó Lagos, el desarrollo económico esté acompañado por el desarrollo cultural, con el objetivo de forjar un tipo de ciudadano más activo, más participativo. El proyecto me parece interesante.

Un mundo globalizado

Antonio Skármeta estudió filosofía y literatura en Chile y Nueva York. Vivió largo tiempo en Europa y en Estados Unidos, donde ejerció la docencia y fue guionista y director de cine. Sus libros de cuentos y novelas han sido traducidos a más de veinte idiomas. En su país, cada semana conduce El show de los libros, un exitoso programa que emite Televisión Nacional. Y también encabeza La torre de papel, un ciclo que se emite por la señal People and Arts. Desde su estreno en 1983, El cartero, la adaptación teatral de su novela más famosa, ha sido montada más de 200 veces en todo el mundo. Se vio en países de Europa, Africa, Oriente y los Estados Unidos. Y su versión cinematográfica obtuvo 5 nominaciones al Oscar.

Luego de repasar, para deleite de su público, algunos fragmentos de Las mil y una noches, el escritor y ensayista compartió una serie de reflexiones, donde se explayó sobre las consecuencias visibles y enmascaradas que conllevan los procesos de globalización y, también, sobre su influencia en el desarrollo cultural de los pueblos latinoamericanos. Abogó entonces para que todos los presentes asumieran "la enorme responsabilidad de recuperar la espontaneidad".

"¿Qué debe permanecer cuando todo cambia en esta época de constantes transformaciones y cuáles son los valores que pueden ser rescatados desde un perfil más humano?", se preguntó. "Se ha producido el desprestigio de la espontaneidad -agregó-. Nuestra sensible áurea cotidiana, nuestros sueños, todo ello aparece desacreditado ante los vozarrones de una globalidad que consagra, sin nuestro permiso y adhesión, valores, libros, costumbres...".

El novelista remarcó que "Latinoamérica nunca estuvo atada a una sola raíz, no le prendíamos velas a un solo santo, no descendíamos todos del mismo barco; nuestras velas fluían de distintas arterias, se bifurcaban deliciosamente en el territorio americano". Pero todo pareció cambiar en las últimas décadas. Skármeta lo resumió así: "La acción desordenada e ineficaz produjo la respuesta bárbara de un poder que nos hizo pagar caro el susto que le dimos y que compró barato el olvido de sus crímenes".

Ya sobre el final, el autor de La boda del poeta habló sobre esperanzas y temores. Y dejó constancia de sus íntimos deseos: "Toda la cultura universal debería adquirir visibilidad en la fantasía del cotidiano de la gente, metiéndose en su experiencia e insuflándole energía". También llamó a resistir la mera reducción cultural a esquemas "empobrecedores, nacionalistas y autoritarios, crípticos, fanáticos y monocordes". Y agregó: "Me angustia que los gobernantes diseñen el progreso material o la sobrevivencia de sus pueblos en bodegas oscuras, comiendo las migajas que les da la televisión o una educación deforme".

  • ¿Qué siente un autor ante la posibilidad de que su obra pueda ser leída por Internet?, fue la última pregunta.

La magia que produce el libro es muy especial. Más allá de su ocasional soporte material, el libro perdurará, porque el acto de leer siempre será un acto creativo.

Y para no dejar lugar a dudas, Skármeta cerró su charla con la lectura de un texto propio, irónico y jugoso, sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana.

"Acabo de volver de Estados Unidos y quiero plantear lo siguiente: en el país vanguardia de la innovación tecnológica ha aparecido un nuevo producto que desde Nueva York a San Francisco tiene enloquecidos a los norteamericanos. El invento se llama... book. El invento es definido como un avance tecnológico revolucionario. Book es un objeto que no necesita cables, ni circuitos ni baterías.

Ni ninguna fuente energética a la cual deba ser enchufado y encendido. No hay que tener cortes ni racionamientos. Book es un invento que puede ser usado en cualquier parte: a la orilla de la chimenea, relajado en un sillón, cuando es invierno; o a la vera del mar, sobre la arena, cuando es verano. Book, sin embargo, es un dispositivo capaz de contener tanta información como un disco CD Room. He aquí cómo funciona book: está constituido por cierto número de hojas de papel, numeradas y reciclables, cada una de las cuales contienen miles de unidades de información. Las páginas están unidas y prensadas por un mecanismo llamado empaste, que mantiene a las hojas en su secuencia correcta. Cada página de book es escaneada ópticamente transmitiendo la información directamente hasta su cerebro. Con un simple golpecillo con la yema de sus dedos lo traslada de la página en que está a la siguiente. En book, existe la función "ojear", que le permite a usted moverse instantáneamente a cualquier página y retroceder o avanzar según su deseo. Transportable, duradero y a precio razonable, book ha sido celebrado como un precursor de la nueva ola... ¡¡Señoras y señores... compren book!!


Eduardo Sampietro 
sampietro@tournet.com.ar